programa
1ª Parte
Danza Eslava Op.46 Nº1 en Do menor
A. Dvorak
Danza Eslava Op.46 Nº2 en Mi menor
A. Dvorak
Danza Eslava Op.46 Nº8 en Sol menor
A. Dvorak
Danza Eslava Op.72 Nº2 en Mi menor
A. Dvorak
Danza Eslava Op.72 Nº7 en Do mayor
A. Dvorak
Marcha eslava Op.31
P.I.Tchaikovsky
2ª Parte
Rosen aus den Süden Op.388
J. Strauss II
Unter Donner und Blitz Polkar
J. Strauss II
Ägyptischer Marsch op. 335
J. Strauss II
Wiener Blut
J. Strauss II
Getafe Polka
H.Gondois/ Orq. Carlos Díez
Pizzicato Polka
J. Strauss II
Csárdás de “Ritter Pásmán”
J. Strauss Sohn
Galop Infernal “Orphée aux Enfers”
J.Offenbach
notas al programa
Virtuosismo clásico
La primera parte del presente concierto constará de una selección de las Danzas eslavas de Antonin Dvorak. El modelo de estas piezas no son sino las veintiún Danzas húngaras de Brahms, para piano a cuatro manos. Fue Brahms quien llamó la atención sobre el aún desconocido Dvorak a raíz de su obtención de una beca concedida por el gobierno austriaco, de la que él era parte del jurado, y lo recomendó a su editor, Simrock, lo que impulsaría la carrera del bohemio. A este respecto, Brahms manifestaba que envidiaba su facilidad para componer, y, en correspondencia, Dvorak llegaría a orquestar cinco de sus Danzas húngaras. Las Danzas eslavas están también concebidas para piano a cuatro manos, a fin de ser vendidas a los hogares. En total compondría dieciséis de ellas, divididas en dos cuadernos: Op. 46 y Op. 72, publicadas en 1878 y 1886, respectivamente. El título eslavas, parece responder a razones comerciales, pues en realidad no es sino una recreación, hasta la apoteosis, de los ritmos y danzas bohemios, tales como la polka, el dumka, la mazurca, el furiant, el odzemek, y otros.
El éxito de la obra fue tan grande, que Simrock encargaría de inmediato a Dvorak su correspondiente versión orquestal, todavía más popular que la pianística original.
El contexto de la Marcha eslava de Tchaikovski no es precisamente festivo. En 1875, los habitantes de Bosnia y Herzegovina se alzaron contra los elevados impuestos de la corrupta administración turca bajo la que se encontraban. La revuelta provocó que Bulgaria se alzara contra los turcos, a lo que le siguió la rebelión de Serbia y Montenegro. El Imperio Ruso, en su anhelo expansionista, impulsó estas revueltas, hasta que finalmente se declaró la guerra entre este y los turcos, en 1877. El conflicto bélico, en el que ambos bandos destacaron por su incapacidad táctica, concluiría con las independencias de Serbia, Rumanía y Montenegro, en tanto que el Imperio Austro-Húngaro y Reino Unido se repartieron otros países. Rusia obtuvo el control de Besarabia, en tanto que Bulgaria no logró independizarse de los turcos. En 1876 se organizó por orden del zar Alejandro II un concierto a beneficio de los soldados serbios heridos. Nikolai Rubinstein pidió entonces a su antiguo alumno Piotr Illich Tchaikovski que compusiera algo para el mismo y, en tan sólo cinco días, el compositor cumplió con el encargo, que pudo escucharse el 17 de noviembre de ese año en Moscú, con gran aceptación popular.
En ocasiones se ha denominado a esta obra Marcha serbo-rusa, y hace justicia al contenido, puesto que se entrelazan en ella temas populares serbios de carácter bélico, a ritmo trepidante y agresivo de marcha guerrera, atemperados por la solemnidad del himno nacional ruso, Dios salve al zar, que también aparece en la Obertura 1812. Los dos temas serbios en cuestión son Radiante sol, no brillas como antes y Con gran júbilo el serbio se hace soldado. El tono atroz de la exposición de ambos temas, en los que se reflejan las atrocidades de los turcos contra los serbios, se va tornando triunfal a medida que irrumpe el tema ruso, que, de alguna manera “salva” a los dos primeros, en una suerte de anticipación de la participación directa del Imperio en el conflicto.
La segunda parte del concierto se centra casi exclusivamente en el repertorio de la familia Strauss, acorde al espíritu de lo que la Filarmónica de Viena ofrece cada primero de año en la Sala Dorada del Musikverein de Viena. Rosas del sur es un vals elaborado por Johann hijo a partir de temas de su opereta de 1880 El pañuelo de encaje de la reina. Pueden reconocerse aquí Trüffel-Couplet, del acto I, y del II, la romanza Allá donde florece la rosa silvestre, que fue la que inspiraría del título del vals. Fue el Musikverein quien acogió su primera interpretación, el 7 de noviembre de 1880.
Unter Donner und Blitz (Bajo truenos y relámpagos) es una de las polkas más queridas de este mismo autor. En ocasiones se ha introducido en la opereta El murciélago en el lugar que ocupa el interludio del acto II, y también se ha escuchado con frecuencia en el Concierto de Año Nuevo, de la mano de directores como Herbert von Karajan, Carlos Kleiber o, últimamente, Riccardo Muti. Lo que describe de forma muy gráfica la pieza es una tormenta estival, pero la primera vez que se escuchó fue un 16 de febrero de 1868. En realidad, fue escrita para el baile de carnaval de la Asociación de Artistas de Hesperus en el Dianabad, hotel y casa de baños de lujo situada en Leopoldstadt y demolida en 1963.
La Marcha egipcia data del año siguiente a Unter Donner und Blitz y destaca por sus aires orientales (de opereta, en realidad, más ajustados a lo que se entendía por oriental entonces en Centroeuropa). No queda claro si Strauss hijo la compuso expresamente con motivo de la inauguración del Canal de Suez (acontecimiento que inspiraría al mismo tiempo la ópera Aida de Verdi) o decidió cambiarle el título sobre la marcha y anotarse ese tanto. Y es que hay constancia de que la primera vez que se interpretó fue en Pavlovsk, en Rusia, bajo la denominación de Marcha circasiana. Los circasianos son una etnia procedente del noroeste del Cáucaso.
El título de Sangre vienesa puede inducir a la confusión. Lo que aquí se escuchará es un vals así denominado, estrenado el 22 de abril de 1873. En esta época, Strauss hijo estaba centrado en su carrera como autor de operetas y apenas escribía música de baile. Pero el encargo le llegó de la propia corte imperial, pues dicho vals debía celebrar el enlace entre la archiduquesa Gisela Luisa María, hija del emperador Francisco José, y Leopoldo de Baviera. La Filarmónica de Viena, que por entonces se negaba a incluir obras de Strauss en su repertorio, por considerarlas música populachera, no debió de aceptar de muy buen grado la petición del emperador de que ejecutasen dicha obra. Como curiosidad, se estrenó en el Musikverein de Viena, sede actual del Concierto de Año Nuevo. En 1899, el músico Adolf Müller fue el encargado de crear una opereta a partir de músicas de Johann hijo y Josef Strauss, adaptadas a un libreto de Victor Léon y Leo Stein. El pastiche se denominaría también Sangre vienesa y Strauss hijo dio su bendición al mismo, aunque murió antes de su estreno.
La siguiente obra se debe a un misterioso personaje del que ignoramos prácticamente todo. Su nombre era Hipólito Gondois y Francisco Asenjo Barbieri lo cita como autor de zarzuelas a mediados del siglo XIX. José Subirá también certifica que fue director de orquesta, aunque pone muy en tela de juicio su desempeño en ese sentido. De Gondois nos han llegado varias piezas pianísticas de salón, como El camino de Madrid a Aranjuez, descubierta hace algunos años por el personal del Museo del Ferrocarril, y, al parecer, escrita para la inauguración del tramo que cubría dicho trayecto. Otra de su obra es la Polka Getafe, también para piano, que sonará en este concierto en una orquestación realizada por Carlos Díez.
Ritter Pásman (El caballero Pásman) es la única ópera escrita por Johann Strauss hijo, quien, como se ha señalado, era un experto en la forma mucho más ligera de opereta. El cambio de registro de un autor lírico a un terreno con el que no está familiarizado ofrece ejemplos que no han acabado de cuajar. Le sucedió a Lehar con su seria Giuditta y hasta a Puccini, cuando coqueteó con la opereta en La Rondine. Strauss quiso que adaptar el poema Pázmán lovag de János Arany, que fue transformado en libreto por Ludwig Dóczi. El estreno se produjo el año nuevo de 1892, en la Ópera de Viena, en medio de una gran expectación. Pero el público se desilusionó enseguida. La crítica encontró que las tres horas de espectáculo naufragaban por la superficialidad de los personajes, y porque Strauss no lograba salirse en ningún momento del lenguaje ligero de la opereta. A las nueve funciones, la obra se caía de cartel y, de momento, sigue siendo una rareza que apenas se representa. Sin embargo, algunos críticos defendieron la belleza de las csárdás (danzas tradicionales húngaras), que dotaban a la partitura de un singular colorido folklórico, y del empleo del cimbalón (instrumento muy habitual en la música húngara, aunque presente en otros países) que podía escucharse en ellas.
Cierra el programa oficial el galop de la opereta Orfeo en los infiernos de Jacques Offenbach, estrenada el 7 de febrero de 1874 en París. Aunque nacido en Colonia, y de vocación inicial violonchelista, Offenbach se convertiría en el gran tótem de la opereta francesa. El título que nos ocupa se vale de la mitología clásica y los dioses del Olimpo para parodiar, en realidad, aspectos del Segundo Imperio, y de la corte de Napoleón III, derrocado cuatro años atrás, tras el descalabro francés en la guerra franco-prusiana. En el galop infernal, Offenbach recrea el ritmo alocado y jubiloso del cancán, popular baile de cabaret de la época, que quedaría asociado a partir de entonces para siempre a su nombre. Como curiosidad, años después, Saint-Saëns parodiaría este número, ralentizándolo al máximo, en La tortuga de El carnaval de los animales.
El concierto finaliza con las dos páginas características del Concierto de Año Nuevo de Viena, que aunque no están en programa es habitual interpretarlas como propina. Son El bello Danubio azul y la Marcha Radetzky. El primero fue escrito en 1866 como vals para coro para la Sociedad Coral Vienesa. La letra fue obra de Josef Weyl, comisario de policía, quien volcó en ella sus sentimientos por la reciente derrota de Austria a manos de los prusianos. Estas consignas políticas enrarecieron el ambiente del estreno y el coro mostró su abierta hostilidad tanto a la letra como a la música. Durante el estreno, el vals fue acogido con tibieza. No sucedió lo mismo en la Exposición Universal de París de ese mismo año, de 1867, en la que Strauss lo dirigió en su versión únicamente instrumental. El público acogió el vals con gran entusiasmo, igual que lo haría el de Inglaterra en una serie de conciertos ofrecidos poco después en el Covent Garden. Strauss encargó una nueva letra a Franz von Gernerth y se imprimieron un millón de copias de la partitura, lo que certificaban su carrera como el vals más popular de todos los tiempos.
Respecto a la Marcha Radetzky, es la única obra de Johann Strauss padre que se escucha con frecuencia. Fue dedicada al mariscal Joseph Wenzel Radetzky, quien reprimió con energía tanto a los partidarios de la unificación italiana, como a los revolucionarios austriacos. Por ese motivo, durante un tiempo fue asociada al imperialismo austrohúngaro más reaccionario. Luego, a partir de 1958, se convirtió en costumbre cerrar con ella el Concierto de Año Nuevo de Viena. Sin embargo, dado que durante décadas se empleaba el arreglo de Leopold Weninger, compositor que fue miembro del partido nazi, a partir de 2020 se emplea una nueva versión, orquestada por los integrantes de la Filarmónica de Viena.
Martín Llade
OSCG
Flauta
Patricia Villar
Laura Martín
Oboe
Isabel Alarcia
Valle González
Jorge García (píccolo)
Oboe
Isabel Alarcia
Valle González
Clarinete
Diana Gómez
Ana San Juan
Fagot
Cristina Ventoso
Irene Saiz
Trompa
Javier López
Paula Mulero
Bárbara Llopis
Víctor Rodríguez
Trompeta
Carlos Oropesa
David Cuenca
Trombón
Javier Sáez
Unai Casamayor
Santiago Díaz (trombón bajo)
Tuba
José Luis Martín
Timbales
Arturo Herrera
Percusión
Diego Gómez
Mario López
Samuel Beluzán
Arpa
Andrea Tobío
Violín I
Patricia Sánchez
Sofía Cuellar
Carlota Díaz
Victoria Garrido
Andrés Moral
Ana Martín
Iván Mula
Alejandro Domínguez
Violín II
Alfonso Moreira
Gala Valladolid
Diego Giménez
Laura Camón
Juan Manuel Saavedra
Daniel Rodríguez
Viola
Victoria Sánchez
J. Ignacio Sanz
Cristina Jiménez
Claudia Pérez
Violonchelo
Iris Jugo
Tamara Gómez
Gabriela Jiménez
Daniel Orgáz
Contrabajo
Paloma Romero
Fernando Calero
Pablo Rincón

